Si una ociosa mañana de sábado, mientras apuramos los últimos sorbos de café invertimos nuestro preciado tiempo de descanso en ojear la web de cualquier empresa, probablemente encontremos sin demasiado esfuerzo pestañas, apartados, o titulares que ensalzarán la tan manoseada idea de los valores corporativos.

¿Y qué dice la bibliografía de cualquier escuela de negocios que se precie al respecto? Pues, hablan de que los valores forman parte de la cultura de cada empresa, dicen que son las expectativas que generan entre sus clientes y proveedores, sus principios y propósitos, su imagen corporativa, lo que determina su misión y visión, en definitiva su identidad.

No sé lo que os inspirará a vosotros tal retahíla de palabros, pero a mí en particular más bien poco. Tras más o menos 20 años en el mercado laboral, y 17 en el vocacional mundo de los recursos humanos, he llegado a la triste conclusión de que para la mayoría de las empresas los valores no son más que la cáscara de una nuez sin fruto.

Me explico. Para mí, los valores son esencia, son maneras de actuar similares, son valores personales llevados a la empresa, son principios éticos y morales, es en definitiva aquello que mantiene unidos y luchando por un objetivo común a los empleados en tiempos de crisis (también en las que nos distancian y nos hacen pasarnos el día de videoconferencia en videoconferencia).

Dejemos de una vez como empresas de usar el marketing y la responsabilidad social corporativa como palancas para hacer publicidad de nuestros supuestos maravillosos valores.  Seamos valientes y comuniquemos con honestidad quienes somos en esencia y qué tipo de personas encajan en nuestra organización. Lo demás, es hacerse trampas al solitario. Es el único camino para atraer y lo más importante, retener al talento que se sienta identificado con nuestra organización.

Para terminar, una anécdota. Una amiga y excelente profesional me contaba hace un tiempo su nefasta experiencia en la última empresa en la que había trabajado. Ella es una persona muy analítica, con una extraordinaria capacidad de trabajo. Se siente cómoda con normas, procedimientos y procesos claros, donde el entorno es razonablemente estable y en cierto modo predecible. De hecho, su anterior experiencia laboral había sido en una empresa alemana del sector industrial, donde encajaba como pez en el agua. Cometió el error de incorporarse a una empresa del sector retail, altamente creativa, donde cada día cambian las prioridades, donde la flexibilidad y adaptabilidad constante no son necesarios, son imprescindibles para sobrevivir y tener éxito. Lógicamente, no encajó. Su larga trayectoria de éxito se truncó, por una mala decisión, por unos valores corporativos que no se explicaron con claridad, y que nadie se preocupó de valorar si encajaban con la candidata.

Así pues, seamos honestos como empresas, como trabajadores, y como personas. Entendamos bien quienes somos, y con qué valores nos sentimos identificados y cómodos. Ese será el camino adecuado para desarrollarnos y crecer en el entorno laboral adecuado.

Feb 12, 2021 | Blog

Valores corporativos en tiempos de COVID

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Escrito por Ibán Rodríguez

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